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Autor:
Abentofail
Abhayananda
Abhinavagupta
Abramov, Alexander y Sergei
Abreu Orta,Joaquín
Acebal, Francisco
Acevedo Díaz, Eduardo
Acevedo Hernández, Antonio
Acosta de Samper, Soledad
Acosta, José de
Acuña de Figueroa, Francisco
Acuña, Hernando de
Acuña, Manuel
Acuña, Rosario de
Adler, Alfred
Adolph, Jose B.
Adorno, Theodor Ludwig Wiesengrund
Afanasiev, Aleksandr Nikoalevich
Agrippa, Cornelius
Aguado, Dionisio
Aguinaldo, Emilio
Aguirre, Nataniel
Agustín, San
Agustini, Delmira
Agüero, Brígida
Aicard
Ainsworth, William H.
Akutagawa
Al Sulami, Shakyh
Al-Farabi, Abu Nasr Muhammad
Alarcón y Mendoza, Juan Ruiz de
Alarcón, Pedro Antonio de
Alas, Leopoldo
Alberdi, Juan Bautista
Alberti, Rafael
Alcalá y Herrera, Alonso
Alcott, Louisa M.
Aldana, Francisco de
Aldecoa, Ignacio
Alemán, Mateo
Alfonso X El Sabio
Alighieri, Dante
Allais, Alphonse
Allen, Grant
Almafuerte
Alonso y Trelles, José
Alonso, Manuel A.
Alper, Gerald A.
Altamirano, Ignacio M
Althaus, Clemente
Altolaguirre, Manuel
Álvarez Quintero, Serafín y Joaquín
Amar y Borbón, Josefa
Ameghino, Florentino
Amicis, Edmundo de
Anacreonte
Anandamurti
Andersen, Hans Christian
Anderson, Sherwood
Andrade, Olegario V.
Anónimo
Apollinaire, Guillaume
Apuleyo, Lucio
Aquino, Santo Tomás de
Arango, Gonzalo
Ardiles, Hugo
Arenal, Concepción
Arène, Paul
Areopagita, Dionisio de
Argerich, Juan Antonio
Arguelles, José
Aristides
Aristófanes
Aristóteles
Arlt, Roberto
Arniches, Carlos
Arnold, H. F.
Artaud, Antoine
Ascasubi, Hilario
Asensi, Julia de
Asís, San Francisco de
Asquerino y García, Eduardo
Asquerino, Eduardo
Asselineau, Charles
Asturias, Miguel Ángel
Asunción Silva, José
Asvaghosha
Atherton, Gertrude
Ativarnashram
Ativarnashrami
Atkinson, William Walker
Audley, Anselm
Austen, Jane
Avecilla, Pablo Alonso de
Avicena
Ávila, Gaspar de
Azcona, Agustín
Azorín
Azuela, Mariano
Aristófanes
(444 a.C. - 385 a.C.)
Dramaturgo griego. El más grande comediógrafo griego, nace en Atenas en el año 445 y muere en el año 385 antes de Cristo. Sus comedias que reflejan sus inclinaciones aristocráticas son encendidas sátiras políticas, filosóficas, sociales y literarias de su tiempo. Entre sus obras están: Las Nubes(contra Sócrates), Las Aves, Lisístatra(contra la guerra), Las Avispas, Las Ranas(contra Eurípides), Plutón(contra los ricos).
Titulo
Arcanienses, Los
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Es la primera de las comedias que nos han quedado de Aristófanes y la tercera en el orden cronológico de su producción. El título alude a los vecinos de Acarnia, aldea o demo del Atica cuyos habitantes, por lo común robustos y toscos, se dedicaban en su mayoría al oficio de carboneros. La representación tuvo lugar en el año 485, sexto de la guerra del Peloponeso, y es una comedia política en la que el autor defiende la causa de la paz. La situación de Atenas era, entonces. difícil. Había sufrido cuatro invasiones; y dos terribles pestes habían diezmado la ciudad, cuya población había aumentado con la densa multitud de refugiados procedentes del campo y que ahora vivía hacinada en los estrechos límites del recinto urbano. La pobreza, la inacción y la promiscuidad. añadidas a los discursos de los demagogos que trafican con la guerra y a las baladronadas de los militares, han creado en el pueblo ateniense un estado de ciega sobreexcitación contra los lacedemonios. A éstos es a quienes se atribuyen todas las responsabilidades de la guerra y de sus males; y es en este momento cuando Aristófanes se resuelve a atacar a la vez que le muestra la sonriente imagen de una paz que sólo el pueblo puede, si quiere, restablecer en el país.
Asamblea de las mujeres, La
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Praxágora, la protagonista, recuerda la figura de Lisístrata. También ella provoca un movimiento popular entre las mujeres atenienses y las arenga y conduce, aunque esta vez es para apoderarse del poder y sustituir a los hombres en el gobierno de la Ciudad. La obra se representó probablemente el año 392 y es una graciosa sátira de ciertas teorías comunizantes sostenidas a la sazón por algunos filósofos. Una vez dueñas del Gobierno, las atenienses decretan una Constitución basada en la comunidad de bienes. Inspiradas en los principios que rigen la buena administración del hogar, las mujeres gobernarán la Ciudad como su propia casa y para bien de todos los ciudadanos. Ya no habrá ricos ni pobres. Atenas será como una mansión única donde cada cual podrá sacar del fondo común todo lo necesario para su subsistencia. Comunidad de bienes e incluso comunidad para el amor (con derecho de prioridad para las más viejas y las más feas): tales son las dos reformas esenciales cuyas consecuencias absurdas dan lugar a las más regocijantes escenas.
Aves, Las
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Fue representada en Atenas el año 414, bajo el arcontado de Chabrias. Y se caracteriza por la extraordinaria fantasía desplegada en ella por Aristófanes. El poeta ya navega por otras aguas. Aquí ya no estamos en la Atenas de las pasiones políticas y de los avatares de la vida ciudadana. Nos encontramos en un país imaginario: en el Reino de las Aves y de los Pájaros. El argumento es ahora una ficción verdaderamente poética y que Aristófanes acierta a desarrollar con un arte consumado. Claro está que, fiel a la irrefrenable naturaleza satírica del autor, esta comedia también es una especie de burla a la República ideal de Platón, además de contener un duro ataque contra los vicios de las clases sociales más elevadas. Dos atenienses, los ciudadanos Evélpides y Pistetero (nombres que responden respectivamente al significado de "Buena Esperanza" y de "Fiel Amigo") deciden expatriarse, cansados de vivir entre pleitos, intrigas y procesos. Guiados, el primero por un grajo, y el segundo por una corneja, se van al Reino de las Aves para fundar allí una ciudad que les convenga. El jefe de aquellos parajes es Abubilla, hoy ave, pero que antes había sido hombre con el nombre de Tereo. Abubilla recibe cordialmente a los recién llegados y a petición de ellos, convoca a las aves. Recelosas al principio, las aves no tardan en quedar seducidas por la elocuencia de Pistetero a quien, como buen discípulo de los sofistas, no le cuesta gran esfuerzo convercerlas de que antiguamente habían sido las dueñas de la Creación. Los dioses son quienes les han usurpado ese dominio universal. Es fuerza, pues que lo reconquisten y, para ello, hacer que los dioses capitulen; les bastará con fundar una ciudad aérea, rodeada de una fuerte muralla, e impedir así que los olímpicos se comuniquen con los mortales. Esos, entonces, se verán obligados a ofrendar sus sacrificios a las nuevas divinidades: las aves. Tal es el plan de la comedia y el ambiente en que se desarrolla.
Avispas, Las
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Esta vez Aristófanes arremete contra la organización jurídica de Atenas, organización sobre la que conviene decir dos palabras para facilitar la comprensión de la comedia. En Atenas no existía una magistratura profesional. Aparte del Areópago, el ejercicio de la justicia correspondía exclusivamente a los jurados, los cuales se elevaban al número de seis mil, cifra considerable si se tiene presente que en tiempos de Aristófanes la población de Atenas contaba unos veinte mil habitantes. Todo ciudadano, a condición de haber cumplido los treinta años, podía ser designado para ejercer las funciones de jurado. Por generalización, a estos jurados se les daba el nombre de heliastas, porque el principal de los diez tribunales de Atenas entre los que se distribuían los jurados era el que funcionaba en la plaza Helia, nombre que viene a significar plaza o puerta del sol. Esta organización no hubiera acarreado, quizás, graves inconvenientes si Pericles, a fin de indemnizar a los heliastas por el tiempo que consagraban a sus funciones, no les hubiera concedido la suma de un óbolo, lo que movió a los pobres y a los haraganes a ver en las funciones jurídicas un medio de ganarse la subsistencia sin gran trabajo. En cambio, las gentes acomodadas se desinteresaban de sus funciones, de suerte que los tribunales quedaron en cierto modo a merced del populacho y de los demagogos que lo dirigían. El día en que Cleón aumentó la paga a tres óbolos, el mal empeoró pues los tribunales pasaron a ser un instrumento manejado por los demagogos, los cuales se aprovechaban de los resentimientos de la multitud para desembarazarse de sus enemigos políticos y realizar por su cuenta personal, lucrativos negocios. Y Las Avispas aparece precisamente, en un momento en que los demócratas, partidarios de la guerra y cuyo jefe es Cleón, se sirven más que nunca de los heliastas para satisfacer sus pasiones o sus apetitos. Es la época en que se multiplican las acusaciones de "laconismo" es decir de inteligencia con el enemigo, (la Laconia) contra los aristócratas, partidarios de la paz, y contra los moderados como Aristófanes. El poeta trata, pues, según sus convicciones, de explicarle claramente al pueblo la situación y demostrarle que lejos de tener en sus manos el poder, como cándidamente se lo imagina, es el juguete de un puñado de desaprensivos que se reparten el pastel entre ellos sin dejarle al pueblo más que las migajas.
Caballeros, Los
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Esta comedia se representó el año 424 y es una violenta sátira contra Cleón y los demagogos. Toda la obra alude constantemente a los sucesos que estaban aconteciendo. El año anterior al de la representación, el general ateniense Demóstenes se había apoderado del puerto mesenio de Pylos. Los lacedemonios habían replicado ocupando la isla de Esfacteria, que cierra la entrada de la rada de Pylos. Como, por otra parte, los lacedemonios le tenían puesto cerco a Pylos, los atenienses enviaron una flota para bloquear a su vez la isla, ocupada por un cuerpo de espartanos pertenecientes a la nobleza de su ciudad. La situación se hacía cada vez más difícil por ambos bandos y como el doble bloqueo amenazaba eternizarse, los lacedemonios despacharon a Atenas una embajada a fin de negociar la paz; pero Cleón hizo imponer tales condiciones que la embajada salió de Atenas sin obtener el menor resultado. Siguió, pues, adelante el doble bloqueo. Cuando la situación tomó un sesgo extremadamente crítico, Demóstenes envió a Atenas a su colega Nicias para pedir socorro. Llega Nicias, expone la situación y el jefe de los demagogos arremete contra él, acusándole. lo mismo cric a los otros generales, de blandura e incapacidad. Nicias le replica con la proposición de que el propio Cleón asuma el mando. Cleón no tiene más remedio que aceptar y todavía lanza una de sus habituales bravatas: en un plazo de veinte días promete traerse a Atenas a los espartanos bloqueados en Es- facteria; y lo asombroso para quienes conocen su incapacidad y su fanfarronería, es que realiza su promesa. Favorecido por una suerte inaudita Cleón se apodera de Esfacteria y trae a Atenas a los espartanos, en el plazo anunciado. Tan inesperada hazaña colma su popularidad; se le concede el honor de alimentarse en el Pritáneo y de sentarse en la primera fila de los teatros. Pero Cleón no deja de tener en contra suya a todo un partido que, desdeñando las apariencias, sabe que en este asunto, el demagogo no ha hecho más que recoger lo que otros sembraron. Entre los adversarios más irreductibles de Cleón están los ciudadanos que componen el cuerpo de caballería o, por otro nombre, "los Caballeros"; y son los que constituyen el coro de la comedia. Parece ser que de todas las comedias de Aristófanes esta es la que le dio más notoriedad en vida, la que apasiono a los públicos de entonces con mayor vehemencia. Como hemos visto, es una obra política dirigida principalmente contra el demagogo Cleón, a quien Aristófanes designa con el sobrenombre de Paflagonio, aunque no porque fuese de la región de Paflagonia sino para burlarse de su defectuosa pronunciación, ya que "paflagonio" también significaba "tartajoso". Y hay un dato que subraya el valor cívico que Aristofanes ponía en sus críticas, equivocadas o certeras. Como Cleón era el político más popular y querido entre las masas democráticas atenienses, los artistas que confeccionaban las máscaras para las representaciones se negaron a hacer la de Cleón. Ningún actor quiso, además, encargarse del papel que le parodiaba. Y fue el propio Aristófanes, sin máscara y con la cara embadurnada el que salió a representar el papel de Cleón. Todo ello no impidió, naturalmente, que el público, electrizado por aquel rasgo de gallardía, le concediera el premio.
Dinero
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Lisístrata
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Después de Las Aves, el poeta vuelve con Lisístrata a la vida real y a la comedia política. Fiel a la idea que ya había desarrollado en Los Acarnienses y en La Paz, Aristófanes prosigue en su áspera y atrevida campaña para que los atenienses depongan sus ímpetus guerreros y cesen en la Hélade los derramamientos de sangre. El momento era muy a propósito para esta campaña en favor de la paz. El estratega Nicias y todo el ejercito ateniense acababan de ser aniquilados en Sicilia. Alcibíades, perseguido por los odios políticos, se había refugiado en Esparta y se vengaba de los ultrajes recibidos aconsejando a sus nuevos aliados que fortificasen la Decelia, en el Atica. Por otra parte, Esparta, aunque victoriosa no estaba menos agotada que su gran enemiga; y parecía inclinada a suscribir condiciones equitativas dejándole a Atenas la hegemonía de la Grecia central y de las Islas con tal de que se le reservase a Esparta la supremacía en el Peloponeso. En esta época (año 412 antes de 7. C.), fue cuando se representó Lisístrata. La fábula compuesta por Aristófanes demuestra a que extremos llegaba el impudor de las costumbres: las mujeres se comprometen mediante juramento a privar a sus maridos de todo trato íntimo con ellas mientras no consientan en concertar una paz general. Son, pues, las incidencias, desazones, forcejeos y vaivenes producidos por esa continencia forzosa la trama sobre la que se desarrolla toda la comedia. Lisístrata, el personaje que da título a la obra y en el que se centra la acción de toda ella es, desde el punto de vista literario, un carácter de mujer tratado con suma habilidad. Lisístrata es fina, ingeniosa y de una cierta dignidad de acción, e incluso de lenguaje, dentro del ambiente procaz y extremadamente licencioso en que se desarrolla toda la comedia. En cuanto a esta, ya está dicho su móvil esencial: abogar por la paz entre los griegos, y ello en un momento en que las discordias y las guerras ensangrentadas, amenazaban aniquilar a toda la Helade.
Nubes, Las
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Considerado como el más grande poeta cómico griego de la época clásica, ARISTÓFANES (ca. 445-ca. 386 a.C.) publica la mayor parte de su obra durante el largo periodo de la guerra del Peloponeso. Sus comedias -aparentemente fantasías verbales y burlas groseras destinadas a provocar la risa del pueblo que acudía a las fiestas- son, sin embargo, el testimonio de su actitud reflexiva ante los problemas de la sociedad de la época y la expresión de sus profundas convicciones de ciudadano. LAS NUBES, ejemplifican tanto el compromiso directo de Aristófanes con la vida pública, como su genial capacidad para elevarse por encima de las circunstancias particulares de su tiempo.
Paz, La
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La representación de La Paz tuvo lugar el año 421, representación que precedió sólo en unos días a la paz concertada por Nicias, general ateniense, jefe del partido moderado, y por Plistoanax, rey de Esparta. Después de la muerte de Brasidas, el valiente general lacedemonio, y de la de Cleón, jefe del partido popular ateniense, los espartanos experimentaban, a pesar de su victoria, y tanto como los atenienses, la necesidad de rehacerse. Pero en Atenas, el partido democrático dirigido por Hiperbolos desde la muerte de Cleón, persiste en su actitud de intransigencia belicosa. Con su nueva comedia Aristófanes insiste, por el contrario, en propagar la idea de la paz y en pedir una reconciliación general de todos los griegos, que tanto llevan su, frido, en unos y otros sectores, con las discordias civiles atizadas por el egoísmo de una política sin escrúpulos. Ya hemos dicho que estas cinco primeras obras de Aristófanes representan el período más antiguo de la actividad literaria del poeta, o sea, una primera fase caracterizada por una violenta oposición al sistema político imperante en Atenas, así como también por una tenaz campaña contra el estado de guerra que la ciudad mantenía, casi ininterrumpidamente, con otros pueblos de la Hélade y en especial contra los lacedemonios. Una agresividad y una crudeza de lenguaje que en muchas ocasiones exceden el mínimo decoro que limita nuestros medios de expresión, imperan entonces en el teatro aristofanesco. Tan crudo y desenfadado se nos muestra, que la labor de los traductores y escoliastas ha sido, en todo tiempo, particularmente delicada. Pero Aristófanes es así; y así hay que tomarlo o dejarlo; y sin que en ningún caso se le mutile, disimule, o enmiende, desnaturalizándolo y desfigurándolo. Despojarle de licencias y de escatologías, por groseras que puedan parecer, significa traicionar el verdadero carácter de una obra que constituye uno de los grandes monumentos literarios de la antigüedad clásica y uno de los más valiosos documentos humanos. Por lo que, respetándonos nosotros mismos al extremo de lo posible, hemos procurado respetar, asimismo, la integridad y la forma-de expresión de esa obra. La Paz, última comedia de aquella primera fase, ya marca una transición que deriva de lo político a lo costumbrista y, en ocasiones, a un género de sátira que dispara sus dardos contra las mujeres. Pero el desenfado es análogo, pues lo mismo en Las Aves y en Lisístrata, que en Las Tesmoforias, Las Ranas, La Asamblea de las Mujeres y Pluto, las salacidades de expresión y la impudicia de ciertas escenas, nos dicen bien a las claras que el poeta mantuvo a lo largo de toda su obra un acento marcadamente desenvuelto y muy característico.
Pluto
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La escena representa una plaza pública, al fondo de la cual se alza la casa de Cremilo. Éste entra seguido de Carión y ambos siguen a Pluto, ciego.
Ranas, Las
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Las Ranas, una de las comedias más literarias de Aristófanes, fue representada el año 406 bajo el nombre de Filómides y obtuvo el primer premio en las fiestas Leneas. Comprende dos partes netamente diferenciadas entre sí: la primera parte presencia el descenso del dios Dionysos, numen del Teatro, a los dominios subterráneos de Hades, deidad de los Infiernos; la segunda parte nos hace asistir a una discusión de orden moral y literario entre Esquilo y Eurípides, los cuales se disputan el trono de la Tragedia. Al componer su argumento, Aristófanes se inspira en las circunstancias particularmente graves que se cernían sobre el pueblo ateniense. Desde el punto de vista interior, la ciudad se hallaba entregada de nuevo a la demagogia, tras de haber visto cómo se sucedían cuatro gobiernos en el espacio de cinco años, o sea, del 411 al 416. De los diez estrategas vencedores en la batalla naval de las Arginusas, ocho habían sido condenados a muerte por no haber recogido los cadáveres de sus bajas. Los demagogos Clígenes y Cleofón habían rechazado los ofrecimientos de paz hechos por los lacedemonios a raíz de la victoria ateniense, lo que comprometía todos los beneficios de esta victoria. Arístides. el único hombre capaz, a juicio de Aristófanes, de resolver la situación, estaba de nuevo en el destierro. Atenas, perturbada por los disturbios, presentaba el aspecto de una ciudad cada vez más debilitada mientras que Esparta, su rival, se recobraba gracias a la actividad de Lisandro y preparaba su victoria de Aegospotamos. Por otra parte, Atenas no contaba ya con sus grandes poetas. Esquilo y Sófocles habían muerto, así como Eurípides que acababa de perder la vida en la corte del rey de Macedonia. Agatón -otro de los grandes poetas de la epoca- vivía en el retiro. El momento era pues, grave para Atenas y ello explica la moderación con que Aristófanes se dirige esta vez a los atenienses para encarecer la unión de todos los griegos en nombre del interés general, y trabajar una vez más por la pacificación de los ánimos. El argumento de Las Ranas es muy movido y hubo de suscitar entre los espectadores un apasionado interés, sin mengua de la comicidad característica en las obras de Aristófanes. Cansado de no representar más que tragedias mediocres, Dionysos decide bajar 'al reino de las sombras para traerse a Eurípides. Acompañado de su esclavo Xantias, que lleva los equipajes y disfrazado con una piel de león prestada por Heracles, atraviesa la Estigie en la barca de Caronte saludado por la ruidosa algarabía de las ranas. Después de una serie de incidentes, a cual más divertido, consigue llegar hasta la morada de Hades. Esta primera parte es muy alegre y rebosa de animación y de ingenio satírico. En la segunda parte, los espectadores asisten a una confrontación de meritos entre Esquilo y Eurípides. Dionysos, antes de decidirse por uno de los dos, hace que cada cual defienda su causa. Ideas políticas y morales de uno y otro, valor de sus prólogos, calidad de su estilo, potencialidad de su lirismo, todo es así examinado. Incluso acaban por pesarse los versos de cada uno en una curiosa balanza que, casi siempre, se inclina del lado de Esquilo. Este resulta proclamado vencedor y sube a la tierra con Dionysos. El arte de la Tragedia quedará así y, en el entretanto, será Sófocles, y no Eurípides, el que ocupe el trono de la poesía dramática.
Tesmoforias, Las
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Esta comedia (conocida también con el título de “Las Fiestas de Deméter”) se representó el año 412 y contiene otro violento ataque contra Eurípides, a quien Aristófanes consideraba como uno de los corruptores del buen gusto y de la moral. Su animadversión era extremada; y esta furia agresiva contra el gran poeta trágico, y que Aristófanes reiteró siete años después en Las Ranas, no siempre fue recibida con aprobación. La posteridad tampoco ha justificado la violencia de tan duros ataques. En el sentir general, Eurípides es inferior a Esquilo y a Sófocles por los lados más notables del arte. No tiene Eurípides sin duda, ni el entusiasmo sagrado del uno ni la serena majestad del otro; pero, en cambio, le corresponde la gloria de haber mostrado al hombre a sí mismo, analizando hasta los más profundos repliegues del alma, los más acerbos e íntimos dolores. No carece, evidentemente, de defectos: abuso de sentencias morales y de torneos oratorios propios, tal vez para buscar el éxito entre unos públicos que, como los atenienses de la época, se apasionaban por los artificios de la elocuencia. En todo caso, estos y otros "defectos" no son como para haber provocado, de parte de Aristófanes, un odio tan enconado y soez. Las fiestas de las Tesmoforias duraban cinco días y se le consagraban a Démeter Tesmofora, o Legisladora, en gratitud por las sabias leyes que la diosa había dado a los mortales. Unos días antes de dar comienzo las solemnidades, las mujeres de las más distinguidas familias -únicas que tenían el derecho de celebrarlas- debían abstenerse de todos los placeres de los sentidos, incluso de los más legítimos, y vivir con la más perfecta sobriedad.. El sacerdote que presidía las Tesmoforias pertenecía obligatoriamente a la familia sacerdotal de los Eumólpides, descendientes de Eumolpo, hijo de Poseidón. En estas fiestas, el culto de Perséfone iba asociado al de Deméter, su madre. A pesar de su título, esta comedia no tiene por objeto los misterios de las diosas Tesmoforas. En ella, Aristófanes quiso que el público asistiese a un acontecimiento sensacional: el proceso de Eurípides y la condena que le infligen las mujeres por haber dicho tanto mal de ellas en sus tragedias. El Tesmoforion cuyo acceso estaba prohibido a los hombres, le proporciona a Aristófanes un marco adecuado. El poeta supone que las atenienses, cansadas de servir constantemente de blanco a los sarcasmos de Eurípides resuelven vengarse: aprovecharán esas fiestas en que se hallan reunidas y solas para castigar a su enemigo. Enterado de la conspiración que se trama contra él, Eurípides, para salvarse, necesita de alguien que pueda ir a defender su causa en la Asamblea de las mujeres. El poeta Agatón le parece el más a propósito para ello. Con su cara delicada e imberbe, su cutis suave y su voz afeminada podrá disfrazarse fácilmente de mujer e introducirse en el Tesmoforion sin riesgo de que le reconozcan. Eurípides le implora, pero Agatón se niega. Indignado por esta negativa, un pariente de Eurípides, el viejo Mnesíloco, se ofrece a desempeñar la peligrosa misión. Ataviado con un vestido de mujer que Agatón accede a prestarle Mnesíloco acude a la asamblea femenina. Es el segundo día de las fiestas, que, como se sabe, duraban varias jornadas. El proceso comienza, pero la defensa de Mnesíloco es tan torpe que, cuando trata de defender a Eurípides, acusa a las mujeres de cometer mil torpezas más. Tan imprudente lenguaje excita las sospechas, hasta que a Mnesíloco lo reconocen por un hombre disfrazado de mujer. Y el delito de que se le acusa muy grave: haber mancillado los misterios con su presencia. En espera de que lleguen los Pritáneos, Mnesíloco queda detenido bajo la guardia de un arquero escita. Eurípides se ingenia para liberar a su pariente y recurre a varios disfraces, todos ellos tomados de sus propias tragedias. Mientras que Eurípides toma sucesivamente los rasgos de Menelao, de la ninfa Eco y de Perseo, el viejo Mnesíloco representa los papeles de la bella Helena y de la joven Andrómeda. Hay diálogos que reproducen fragmentos de los propios textos de Eurípides; y al fin se produce un feliz desenlace, gracias a un tratado que Eurípides concluye con las mujeres comprometiéndose a no volver a atacarlas, a cambio del rescate de Mnesíloco.
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